Hasta hace un par de
décadas, o incluso menos, las cabinas telefónicas situadas en las calles eran
un gran avance pues suponían la posibilidad de poder llamar por teléfono desde
casi cualquier punto al aire libre de una ciudad. Yo misma, recuerdo haber
utilizado muchas tardes de verano, durante mi adolescencia (cuando aún no
teníamos teléfonos móviles o incluso cuando teniendo teléfono móvil resultaban
demasiado caros para llamar) la única cabina telefónica de mi pueblo para estar
en contacto con mis amigas del colegio
que seguían en la ciudad durante el verano.
Desde la llegada de los
teléfonos móviles estos teléfonos han ido convirtiéndose, poco a poco, en
simples recuerdos de otra época. En Londres, por ejemplo, la típica cabina
roja, se ha convertido en un icono de la ciudad donde los turistas acudimos
únicamente para hacernos la correspondiente foto, como si del Big Ben o cualquier
otro emblema histórico se tratase.
En España las cabinas,
aunque menos pintorescas siguen existiendo pero son pocos quienes las utilizan por lo que su número se ha ido reduciendo considerablemente en los últimos años. Y es que si hay algún invento que ha revolucionado la manera en que nos
comunicamos ese invento es, en mi opinión, el teléfono móvil.
El teléfono móvil nos
permite llamar desde cualquier lugar, estar siempre localizables e, incluso,
conectarnos a Internet, ver la televisión, jugar a videojuegos o tomar fotos.
Tal vez, dentro de unos años nuestros modernos smartphones parecerán un invento
rudimentario pero no podemos olvidar que, como las cabinas en su momento, la
aparición de los teléfonos móviles ha supuesto una verdadera revolución
tecnológica.

Hola Val,
ResponderEliminaral leer lo que comentabas de tu uso de la cabina telefónica en los veranos en el pueblo no he podido evitar sentirme identificada. Yo también acudía a la única cabina de mi pueblo y... casi había olvidado la existencia de este tradicional "gadget" hasta el domingo pasado, cuando repentinamente se me terminó la batería del móvil y me encontré buscando desesperada una cabina telefónica por la ciudad para poder llamar a una amiga (gracias que su número se encontraba entre los únicos cuatro o cinco que me sé de memoria... no sé si a esto han "contribuido" también las nuevas tecnologías... :P) y saber dónde se encontraba, pues quería ir a verla. He de reconocer que, al contrario de lo que esperaba... localicé varias! (aunque no terminé utilizándolas porque al ir en coche me era complicado parar y me topé con otra solución, aunque ese ya es otro tema...)
Un beso.