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martes, 10 de abril de 2012

Relax



Hasta hace tan sólo una década si queríamos escuchar música en el tren, mientras esperábamos al bus o salíamos a hacer ejercicio no teníamos más remedio que ir cargados con nuestro discman y como mucho, un par de cd’s de música.

Recuerdo que en mi primer año  de universidad, cuando iba a Madrid en Renfe, todas las mañanas elegía uno o dos discos para ir escuchándolos durante la hora y media que duraba el trayecto. Como dice el refrán, la música amansa a las fieras y lo cierto es que ese ratito de música por la mañana me ayudaba a sentirme relajada aunque, en muchas ocasiones escuchar siempre las mismas canciones me resultaba aburrido.

Todo cambió con la llegada de los  reproductores portátiles, los conocidos MP3… El primero que compré sólo tenía 1gb. Probablemente ahora nos parecería absurdo llevar un reprodcutor con tan poca capacidad pero para mí supuso un cambio radical. Podía llevar tanta música que durante el tiempo que duraba el trayecto no tenía porque repetir ni una sola canción.

Después me regalaron el IPOD, en el que podía ver fotos, videos y escuchar aún mucha más música. Tiene un diseño muy bonito, mucha capacidad y accesorios fashion pero, he de confesar que para mí, no termina de resultar del todo práctico. Con los reproductores normales podía meter música simplemente copiando y pegando la canción pero con IPOD no me queda más remedio que hacerlo a través de Itunes, un programa que a todo el mundo le resulta sencillísimo pero que yo no termino de entender. Puedo tener acumulados un montón de discos pero siempre termino escuchando tres o cuatro que son mis favoritos y, para colmo, todos los accesorios son carísimos.

Con esto no quiero decir que el IPOD (o el resto de inventos de Apple)  no sea un gran invento sino que, en mi opinión, la tecnología resulta a veces demasiado compleja y esto puede hacer que mucha gente quede al margen de estos nuevos medios. 

1 comentario:

  1. Qué nostalgia al leer esta entrada y de nuestros viajes (que realmente eran eso) a Madrid cada mañana. Un besazo!

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